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CHOQUE CARDIOGENICO

 

DEFINICION:

 

Es un desorden causado por una disminución en el gasto cardiaco, en presencia de un volumen intravascular adecuado, resultando en hipoxia tisular.

 

Se caracteriza principalmente por:

 

 

 

INCIDENCIA:

 

Es la etapa final en la gravedad de la insuficiencia cardiaca, y constituye una de las entidades clínicas más frecuentes, y manifiesta una mortalidad del 80  al 90 %.

Es la mayor causa de muerte en los pacientes con síndromes coronarios agudos, y es por lo tanto la causa más común de muerte después del infarto agudo del miocardio.

El choque cardiogénico ocurre en 7.1% de los pacientes con elevación del segmento ST en el infarto del miocardio, con una mortalidad a los 30 días del 58%.

En el infarto del miocardio sin elevación del segmento ST se presenta en el  2.5% con una mortalidad a los 30 días hasta del 73%.

Tiene una incidencia del 2.9% en pacientes con angina inestable.

 

 

ETIOLOGÍA:

 

      Es la causa más frecuente como ya se ha mencionado, y este generalmente se encuentra en relación con necrosis extensa secundaria a oclusión proximal de la arteria coronaria ascendente anterior o del tronco coronario izquierdo. Así mismo las encontramos en pacientes que han sufrido con anterioridad infartos del miocardio ya que las necrosis menos extensas pueden acabar por desequilibrar una función ventricular previamente deprimida. El infarto ventricular derecho constituye una entidad extremadamente grave, afortunadamente menos frecuente.

 

      La aparición de arritmias graves como lo son los bloqueos AV o las taquiarritmias dentro del infarto agudo del miocárdio, pueden agravar la función miocárdica hasta el límite de suponer un impedimiento para la correcta perfusión hacia órganos vitales con su consecuente hipoxia.

 

      Como en el caso de regurgitación mitral severa, estenosis aórtica crítica, trombosis de válvula protésica y ruptura de músculos papilares.

 

      Cuando estos son de forma aguda y además compromenten el llenado o vaciado ventricular, como lo es el caso de la embolia pulmonar masiva, el taponamiento cardíaco, la disección aórtica, el mixoma auricular y el neumotórax a tensión.

 

      O agudizada por factores precipitantes como lo son la miocarditis, miocardiopatías, defectos en el septum ventricular, fármacos depresores de la función ventricular así como la hipovolemia, infecciones, sepsis, alteraciones electrolíticas, acidosis, insuficiencia renal entre otras.

 

            Se ha observado que en esta se produce un déficit de contractilidad miocárdica a consecuencia de la isquemia secundaria a la hipoperfusión de la cirugía.

 

 

FISIOPATOLOGÍA:

 

El mecanismo que desencadena el estado subsecuente del bajo gasto cardíaco es la falla de bomba, esta en la mayoría de las ocasiones se debe a un daño miocárdico agudo como en el infarto del miocardio, lo cual va a presentar como consecuencia una disfunción ventricular severa, lo que  condiciona que el corazón no sea capaz de mantener un flujo adecuado de sangre hacia los órganos vitales con la consecuente hipoxia de los mismos.

 

Secundario a este fallo en la bomba se desencadenan mecanismos compesadores como lo es la respuesta neurohormonal.

 

La respuesta neurohormonal, durante las primeras etapas del desarrollo de choque cardiogénico, a consecuencia de la hipotensión arterial sistémica, se activan una serie de mecanismos cuya finalidad es mantener el flujo sanguíneo hacia los tejidos de mayor necesidad para mantener la homeostasis. Mediante la estimulación de los barorreceptores arteriales del cayado aórtico y del seno carotídeo, se obtiene como resultado una activación del sistema nervioso simpático, por otro lado, la hipoperfusión renal determina la puesta en marcha dl eje renina-angiotensina-aldosterona también como mecanismo compensador de la volemía. Esto concluye que se ponen en marcha mecanismos necesarios para provocar un aumento de las resistencias vasculares periféricas en un intento por compensar la disminución del gasto cardíaco, estos se manifiestan por taquicardia, aumento de la postcarga y la precarga secundarias a la vasoconstrición arterial y venosa, retención hidrosalina, manteniendo de esta manera la tensión arterial sistémica. No obstante dichos mecanismos dan a lugar a un agravamiento de la perfusión tisular y a un aumento en el consumo de oxígeno por parte de miocardio, emperoando de esta manera la función contráctil. Así podemos observar que el aumento de la precarga da lugar a congestión pulmonar por otro lado no consigue aumentar el volumen minuto al estar disminuida la contractilidad, de igual forma, la vasoconstricción periférica y el consiguiente aumento de las resistencias vasculares periféricas supone una dificultad añadida al vaciamiento del ventrículo con lo que consecuentemente disminuye más el volumen minuto y la perfusión periférica.

 

En los tejidos vitales; riñón, cerebro y corazón, existen también mecanismos de autorregulación del flujo sanguíneo local que permiten mantener una perfusión tisular constante. Sin embargo, cuando la presión arterial cae por debajo de los 50 mmHg dichos mecanismos resultan ineficaces, terminando por agotarse, es entonces cuando se produce una perfusión  insuficiente, disminuyendo la concentración de oxígeno en los mismos, iniciándose rutas metabólicas menos dependientes del mismo anaeróbicas buscando de esta manera disminuir en lo más posible el consumo, produciendose como consecuencia de este tipo de metabolismo la producción de ácido láctico.

 

La función celular sufre un deterioro tras la disminución del ATP y a la menor disponibilidad de calcio en el interior de las células. Finalmente, se producen alteraciones en la integridad y la permeabilidad de las membranas celulares, estableciendose lesiones celulares irreversibles, Así sobre el riñón se produce una necrosis tubular aguda, empeoramiento de la función miocárdica debido a necrosis e isquemia, y tendencia a la producción de edema del espacio intersticial pulmonar y alveolar, con la formación de atelectasias y constitución de cortocircuitos funcionales, a nivel hepático se produce necrosis hepatocitiaria con elevación enzimática consecuente y en fases avanzadas alteraciones de la coagulación.

 

 

 

 

 

 

 

DIAGNÓSTICO:

 

     

                  Hipotensión arterial

 

                  Signos de hipoperfusión periférica

 

                  Signos de disfunción ventricular

 

      Acidosis. Por el aumento del ácido láctico derivado de la hipoxia tisular provoca acidosis metabólica.

     

      Hiperglucemia. Consecuencia de la activación del sistema nervioso simpático y de la descarga catecolaminérgica subsiguiente, así como la disminución de la secreción de insulina debida a la menor irrigación del páncreas.

 

      Alteraciones de la coagulación. Disminución de los factores de la coagulación por insuficiencia hepática y por alteración de la función plaquetaria. De manera inicial se presenta hipocoagulabilidad la cual puede establecerse como coagulación intravascular diseminada, lo que contribuye a una mayor hipoperfusión tisular y aparición de fenómenos hemorrágicos.

     

      Para detectar cambios electrocardiograficos en los síndromes coronarios agudos, así como la presencia de arritmias.

 

      Signos de congestión pulmonar, infección pulmonar, tromboembolia pulmonar y disección aórtica.

 

      Confirma diagnóstico de disfunción ventricular, alteraciones en la contractilidad miocárdica, integridad de las válvulas, presencia de líquido pericárdico y signos ecocardiográficos de repercusión hemodinámica en el taponamiento cardíaco.

 

      Se realiza mediante la colocación de un cateter derecho de Swan-Ganz y la obtención de una vía arterial.

Este tipo de catéter nos permite calcular los siguientes parámetros: presión auricular derecha, presión arterial y capilares pulmonares, gasto cardíaco e índice cardíaco.

En el caso de choque cardiogénico por disfunción ventricular izquierda, el patrón hemodinámico esta caracterizado por  hipotensión arterial, gasto cardíaco bajo, diferencia arteriovenosa de oxígeno mayor de 5.5ml/dl, presión capilar pulmonar mayor de 15 a 18 mmHg, presión auricular derecha normal o ligeramente elevada.

En la disfunción ventricular derecha o en estado de choque obstructivo el patrón hemodinámico se caracteriza por: presión auricular derecha elevada mayor de 10 mmHg, gasto cardíaco bajo y presión capilar pulmonar normal.

Con la vía arterial se obtiene una monitorización continua de la presión arterial.   

 

 

TRATAMIENTO:

 

El objetivo se encamina hacia el tratamiento etiológico y por otro lado mejorar el gasto cardíaco  y estabilizar la situación hemodinámica esta última se intenta lograr optimizando la precarga con el manejo de líquidos y diuréticos, optimizando la postcarga mediante agentes vasopresores y vasodilatadores,  y mejorando la contractilidad mediante inotropos así como suprimiendo factores asociados que deprimen la función miocárdica, mediante un tratamiento sindrómico.

El enfoque del tratamiento es hacia:

            Volumen intravascular

            Función ventricular

            Presencia de daño miocárdico

            Complicaciones mecánicas

 

      Hipoxia. Oxígeno con mascarilla 6 a 8 lts.por minuto, en caso        necesario manejo avanzado de la vía aérea

      Analgesia. Morfinicos intravenosos

      Vagotomía excesiva. Atropina IV 3mg dosis máxima

      Suprimir fármacos hipotensores e inotropos negativos

      Corregir arritmias

      Corrección de alteraciones metabólicas

      Hipovolemia. Con solución salina o dextrano, evitar aumentos      significativos de la presión capilar pulmonar (entre 15-20 mmHg).        Prevención de complicaciones.

 

      Dopamina es de primera elección y se maneja a dosis mayores     de 5microgramos/kg/min aumentando progresivamente hasta           lograr efecto o aparezcan reacciones adversas.

     

      Dobutamina a dosis 2 a 5 microgramos/kg/min

 

 

 

 

 


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